Anoche quedé con tres personas en la Alameda (una zona de marcha de Sevilla), la cosa parecía que iba a transcurrir tranquila, de hecho estos días estoy muy melancólico, no triste, pero sí muy melancólico, y cuando mi amigo Carlos me llamó para salir me pareció de puta madre para dejar de pensar en cosas que me rallan y pasar un rato tranquilo y agradable con él, que por cierto también tenía cosas rallantes de las que evadirse.
Tras hablar con Carlos localicé al Dompi que se hallaba en la Alameda y me dirigí hacía allí. A la primera que vi al llegar, inevitablemente, fue a la exuberante (o glamourosa si ella lo prefiere) Marichus, que para mi sorpresa estaba con Dompi, y es que Dompi había quedado con unos amigos con los que comparte una afición, los fotologs, y aunque es imposible conocer a una persona en una noche pude hablar con algunos de estos fotologuers y entre ellos tuve el placer de conocer a Roschack, que para mi sorpresa, en un momento dado de la noche, descubrió que yo era el Adrik plagiador de narizones, el autor de La Batalla de Montjuïc, y para alegría mía era uno de esos lectores de Fanhunter que había agradecido que esos cómics tuvieran impregnado el espíritu original de la serie. Vamos, fue un placer tenerle allí recordandome que en tiempos fui una estrella mediática, es lo que tenemos las viejas glorias, que chocheamos ante un buen fan. Coñas a parte Roschack resultó ser un tio cojonudo al que no esperaba conocer en lo que iba a ser una noche tranquila.

“Hugo y Adrik emulando a unos leones mientras posaban con algunos fotologuers”
No he contado que camino a la Alameda me encontré con otro individuo con el que últimamente paro mucho, el señor Poo. Y es que hasta hace poco hemos estado compartiendo el trabajo de dependiente de Internetia. El caso es que había quedado con unos amigos y cuando estos se marcharon a casa a eso de la una vino en mi busca para perder la sobriedad, empezabamos a ser legión.
Como dije antes había quedado con tres amigos, ya he dicho que dos de ellos eran Carlos y Dompi, el tercero era Pichi, que no llegó a aparecer porque se puso malo y me mandó un sms diciendo literalmente “Illo, ma dao un amarillo. Si me recupero te llamo”. Pero no se llegó a recuperar, y es que, niños, no se puede empezar a beber a las 7 de la tarde. De todas formas cuando se nos habían acabado las reservas de kalimotxo aparecieron por sorpresa el señor Hugo y su séquito cargados con ron, así que me vi rodeado de tanta gente que ya no sabía con quien hablar, así que apareció Paco, un amigo de Fran, mi ex-jefe, y me dió conversación, ya que para mi sorpresa el mencionado Paco se había encontrado por casualidad con un amigo suyo que resultó ser también un amigo mio de la infancia. Paco estaba con unos amigos, entre los que se encontraban Markos y Santos, el cantante y el guitarra respectivamente del grupo de rock sevillano Gritando en Silencio, cosa que me pareció de lo más pintoresca en aquel cuadro amalgamado que se había formado a mi alrededor lleno de gente que nada tenían que ver unos con otros pero que habían coincidido una noche cualquiera en el mismo lugar.
Tanto saludar gente te obliga a hacer el correspondiente brindis, y así perdí poco a poco la sobriedad en una noche memorable. Llegados a este punto de la crónica me guardo para mi y los que estuvieron allí el resto de la historia, que luego esto lo leen los niños.